Cuando el ‘codo del tenista’ no lo sufren solo los tenistas

Se conoce como ‘codo del tenista’ a la epicondilitis. Se trata de una enfermedad degenerativa de los tendones extensores radiales del codo, provocada por el exceso de uso de la musculatura extensora del antebrazo y que frecuentemente sufren los tenistas debido a su actividad, aunque no son los únicos.

Este dolor se produce en la parte lateral del codo llamado epicóndilo, y que se manifiesta durante los movimientos de extensión de la muñeca o codo, concretamente en la articulación que está entre el radio y el húmero. La molestia aparece por los movimientos repetitivos y continuados sobre los tendones de los músculos extensores, el radial externo y cubital. Con la repetición de estos movimientos estos músculos sufren pequeños deterioros y por eso aparece el dolor. Además, se debe tener cuidado ya que este dolor puede cronificarse.

Las personas que padecen esta patología son por este motivo las que realizan actividades que implican la acción de agarrar o girar la muñeca con esfuerzos angulares importantes. Es el caso por ejemplo de los políticos o grandes empresarios que van dando la mano continuamente, o incluso motoristas por el gesto que realizan para dar velocidad a su vehículo. En el caso de los tenistas, con el que coloquialmente se conoce la patología, lo desarrollan por la tensión que hacen para coger la raqueta, y también para la realización del revés del hombro y el codo avanzados, en lugar de mantener las articulaciones en paralelo. De ahí que también lo sufran otras personas y deportistas que practican otros juegos con raqueta o similares.

Todas las personas que sufren este dolor no pueden coger objetos ni pesados ​​ni ligeros debido a la molestia que les genera. También ven alterado su descanso nocturno debido al dolor, y por no encontrar la posición adecuada. Con todo ello, la fuerza de tensión disminuye acentuadamente.

Esta patología, se puede tratar con infiltraciones Ecoguiadas de PRP en diferentes sesiones y con una serie de ejercicios recomendados por los mismos doctores. Su práctica continuada conllevará una mejora positiva y el paciente podrá volver a utilizar el brazo afectado para realizar sus actividades.

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